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sábado, 16 de agosto de 2014

El desafío de comunicar valor

FERNANDO DEL VECCHIO

El desafío de comunicar valor

Una pregunta para la cual los emprendedores creativos no tienen contestación: el valor de su propuesta.

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Todo diseñador se enfrenta en alguna oportunidad a una pregunta para la cual no tiene respuesta (o es inadecuada e incomprensible para quien la realiza): ¿cuál es el valor que ofreces?
Hay creativos que, a pesar de no ser buenos técnicamente hablando, han sabido responder la pregunta. Allí se encuentra gran parte de su secreto para tener tan buenos clientes: comprender el valor de lo que ofreces facilita muchísimo la venta de tus servicios.

¿Qué es el valor y por qué el diseño es valioso?

El valor puede estar en la capacidad para resolver un problema, responder a una pregunta, satisfacer una necesidad o deseo. Y debe ser comprendido desde la perspectiva del cliente, no desde la del diseñador. Identificar el problema del cliente, transformarlo en un problema de diseño y resolverlo, es trabajo del diseñador.

El valor no es el precio

Por lo general relacionamos el valor con el precio. Preguntamos: «¿cuánto vale?», cuando debemos preguntar «¿cuánto cuesta?». El valor es la capacidad de respuesta a un problema; el precio es la cantidad de dinero involucrada en la promesa de la propuesta por la provisión del servicio. El valor de la propuesta es una evaluación subjetiva del cliente.
De acuerdo a un estudio1 los clientes evalúan los productos y servicios de las empresas desde tres posturas distintas, explicadas como «valor esperado». De acuerdo a éste, las empresas configuran su propuesta de acuerdo a una «disciplina de valor».

¿Qué es el valor esperado?

Distintos clientes esperan diferentes tipos de valor. Hay clientes que esperan el mejor producto disponible en el mercado; algunos esperan la mejor solución; otros esperan el menor costo total por el producto o servicio que solicitan, de acuerdo al problema, necesidad o deseo que enfrentan. Las empresas se orientan y responden a estas tres posturas mediante tres disciplinas de valor. Estas son: liderazgo en producto, intimidad con los clientes y excelencia operativa.2
Por ejemplo: al comprar una computadora, es posible que elijas «el mejor producto» de acuerdo a tu concepto de valor, que corresponde a una marca y a un precio; puede ser que te decidas por «la mejor solución» y posiblemente sea una evaluación que considere la mejor relación costo-beneficio de ciertas marcas y un rango de precio; o es posible que te decidas por «el menor costo total»; como todas las marcas ofrecen resultados similares, lo más importante es obtener el precio más bajo posible, sin importar la marca.
Esto difiere de persona a persona. No somos todos iguales, y por ello hay clientes que pagan una computadora de marca premium, mientras otros prefieren una opción  económica.3 Esto mismo sucede en la cabeza de los clientes en relación a la contratación de diseño. De acuerdo a la forma como evalúen o piensen al diseño como forma o capacidad para resolver un problema, así responderán a la propuesta presentada por un estudio o despacho creativo.4

Utilizando este concepto en la configuración de mi propio estudio

El valor esperado por los clientes se relaciona con una disciplina que trabaja la empresa para configurar su estructura y cumplir su promesa. Las empresas cuyos clientes buscan el valor «mejor producto», se orientan desde la disciplina «liderazgo en producto»; si buscan el valor «mejor solución», se orientan desde la «intimidad con los clientes»; si esperan «menor costo total», desde la «excelencia operativa». La disciplina liderazgo en producto trabaja enfocándose en la innovación; la intimidad con el cliente, en la empatía; la excelencia operativa en la efectividad.5
Es un error intentar ser el mejor en las tres disciplinas, porque implica contradicciones estratégicas. Por ello es importante orientarse a ser el mejor en solo una de ellas, y ser adecuados en las restantes. Estas contradicciones estratégicas pueden ejemplificarse en el tipo de empleado que requerirás para el trabajo operativo, ante la elección de la disciplina a trabajar.6
Tres tipos de capacidades distintas, tres formas diferentes de administrar ese talento, tres configuraciones diferentes del estudio, a partir de tres tipos de valor esperado.

Diferencias entre la comunicación del diseñador y la comprensión del cliente

Por lo general, los emprendedores creativos encuentran atractivo mostrarse innovadores, comunicando que «venden innovación». Sin embargo, son pocos los clientes que realmente consideran que el valor comunicado y ofrecido por cualquier estudio de diseño sea «el mejor producto del mercado».
En el mejor de los casos, el cliente entenderá el valor del diseño como factor de diferenciación, pero es muy probable que considere que la innovación no se encuentre en el diseño en sí, sino en otros espacios de su modelo de negocio. En otros casos, el cliente entenderá que el estudio debe brindar una solución gráfica a su pedido, sin dejar espacio para que el diseñador proponga cambios. En el peor escenario, aunque el cliente entienda la importancia del diseño, le dirá al diseñador lo que quiere, el precio que pagará y la forma como lo pagará, sin espacio para una mínima negociación ni en lo creativo ni en lo económico.
Aquellos estudios y despachos creativos reconocidos por clientes que esperan el «mejor producto», son aquellos con amplia experiencia y trayectoria, contratados como especialistas para ofrecer una respuesta que no cualquiera puede entregar. Los clientes creen y esperan ese valor. Son muy pocos los que se ubican en ese grupo.
Muchos clientes, ante la similaridad de ofertas (para ellos, todos los diseñadores ofrecen algo parecido), pueden sentirse motivados a evaluar propuestas donde el valor sea «la mejor solución», ofrecida por estudios dedicados a escuchar al cliente, proponerle alternativas, trabajar en conjunto y llegar a conclusiones consensuadas. Esto es difícil para los que pretenden vender innovación, porque no se mostrarán dispuestos a trabajar en esa dirección.
Un tercer grupo de clientes, probablemente muy numeroso, valora mucho el precio bajo. Y ante la enorme oferta de proveedores, elegirá al que ofrezca el menor.
Un problema recurrente es la comunicación del diseñador: mientras él pretende vender innovación, es probable que el cliente entienda que vende bajo precio. El diseñador cuenta una historia de innovación que el cliente no percibe y, por lo que el diseñador comunica en forma no verbal, el cliente entiende que puede obtener bajo precio. Esto es frustrante para el diseñador, pero es una consecuencia de lo que él mismo hace hace, sin darse cuenta.7
Si trabajas bajo la disciplina de la «excelencia operativa», relacionado con el valor «menor costo total», trabaja rápido, entrega en tiempo y cobra en forma efectiva.
Las tres disciplinas y orientaciones, con su valor asociado, son válidas. Cualquiera de las tres puede convertir tu proyecto en un estudio muy rentable. Pero tienes que saber qué valor entiende tu cliente cuando le presentas una propuesta, para comunicarlo adecuadamente; y, como consecuencia, trabajar orientado desde la disciplina requerida para entregar ese valor. Lo importante es la coherencia.
No importa lo bueno que seas, los concursos que hayas ganado, los premios académicos que hayas obtenido. Los clientes prestan atención a otra cosa. Premian algo diferente, un comportamiento diferente, y resultados diferentes a los que premia la academia. Quiero ser claro en esto: el mercado premia lo que la academia ignora. Y no lo ignora por desconocimiento, sino porque decide ignorarlo.
¿Tienes un estudio rentable a pesar de cobrar barato (según opinión de tus colegas), porque identificas rápidamente el problema del cliente, prometes una entrega rápida y efectiva, y cumples? Los clientes perciben coherencia, experimentan el buen servicio y lo retribuyen económicamente. A eso, muchos colegas lo denominan «competencia desleal». Sin embargo, lo verdaderamente desleal es ofrecer lo que no puedes ni quieres cumplir, a un precio que el cliente no quiere o no puede pagar; trabajar a desgano intentando educar a un cliente que no lo desea; generar una pésima experiencia de servicio y quejarte de ello.
El diseñador desleal es el que, con su comportamiento, destruye la confianza del cliente en el diseño y en los diseñadores. Es desleal con sus clientes, con sus colegas y con aquellos que intentaron educarlo para convertirlo en un buen profesional.

Un desafío a largo plazo

Un proyecto a largo plazo para un emprendedor podría considerar adquirir experiencia como proveedor de servicios de bajo precio para aprender el negocio; modificar su postura a mediano plazo hacia «la mejor solución» especializándose en una disciplina; a largo plazo, ser reconocido como referente de la disciplina, modificando su postura hacia «el mejor producto». Es un camino que exige enfoque y perseverancia.8
¿Cuál es el desafío del diseñador emprendedor? Dejar de poner atención a las críticas de sus colegas en relación a su proyecto. Cada uno es dueño de su proyecto, y por ese proyecto toma decisiones. Los resultados que obtengas serán una consecuencia de esas decisiones y de la forma en que las implementes. Recuerda que son los clientes los que pagan las cuentas, no los colegas.

Conclusión

Cuando hablamos de valor, debemos pensar en el «valor esperado por el cliente» como forma de presentar y comunicar nuestra propuesta. Existen tres posturas respecto al valor esperado por el cliente, y deberías considerar el trabajo desde la disciplina que te permita entregarla.
Tu proyecto de empresa creativa es tu decisión, pero nadie (o al menos nadie que yo haya conocido) comienza por la cima (entendiendo a la cima como el ser reconocidos como innovadores desde el momento en el que iniciamos nuestro estudio de diseño). Recuerda a Alfredo Casero, quien en una charla TED9 dijo: «lo único que se empieza desde arriba son los pozos».
Autor
Fernando Del VecchioTIGRE
Edición
Cristian Petit De MuratATIZAPÁN DE ZARAGOZA
Fuente: http://foroalfa.org/articulos/el-desafio-de-comunicar-valor

lunes, 3 de marzo de 2014

La teoría de los 3 disparos

ADRIÁN PIERINI

La teoría de los 3 disparos

El diseño express pone a los estudios frente a la disyuntiva de generar buenas piezas de comunicación o simplemente satisfacer las demandas inmediatas del cliente.

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«El tiempo es oro». Hemos escuchado miles de veces esta frase en nuestra vida profesional, y si bien en su origen tuvo sentido como una llamada de atención frente a procesos operativos largos, tediosos y hasta ineficaces, hoy solo representa un lamentable panorama en donde la disminución de los tiempos de entrega conduce al nacimiento de piezas mediocres, básicas. En definitiva, notablemente improvisadas.
Pero las agencias no son las culpables; es más, podría decirse que son las más interesadas en que sus piezas rompan el molde, luzcan, generen gran recordación y, por supuesto, conduzcan a un mayor reconocimiento y aumento de ingresos. Entonces, ¿dónde se encuentra el problema? Desde mi punto de vista existen dos motivos fundamentales que causan este fenómeno: por un lado, las exigencias de un mercado cada vez más voraz, cuyas presiones y demandas de rentabilidad buscan en la inmediatez la clave del éxito. Por el otro, la falsa creencia de que los avances tecnológicos han sido de tal magnitud que ya no hay razones para que las propuestas de diseño (o piezas publicitarias) tarden más de uno o dos días en elaborarse.

¿Que nos hace gatillar?

El proceso que poco a poco se viene instalando es tan simple como nocivo para ambas partes. A modo de ejemplo: un cliente brifea un proyecto de alta complejidad a su agencia con la exigencia de tener las rutas creativas en un plazo extremadamente corto (digamos 2 días). Como el tiempo disponible es escaso y no posibilita una adecuada profundización tanto investigativa como creativa, los resultados no satisfacen plenamente al comitente, por lo que este, ante el temor de no cumplir con los plazos pautados de forma unilateral, le dice adiós a su actual proveedor y busca inmediatamente un «milagrero» ocasional que pueda actuar con la celeridad requerida. Así de simple, así​ de terminante. ¡Ah! Existe una variable interesante a este proceso, que son los pitchs a los que denomino «gracias por participar». ¿En qué consisten? Muy simple. Bajo la excusa de cumplir con los timings internos de la compañía, el cliente ni siquiera le da oportunidad a su agencia de hallar una solución a su necesidad de comunicación e improvisa un concurso entre 2 o 3 empresas para adjudicarle al ganador todos los proyectos de ahí en adelante (o hasta que el círculo del toma y tire vuelva a iniciarse). ¿Dónde está el problema en poner a prueba a las agencias? En el origen de esta contienda. Quienes trabajamos en este medio sabemos que ocasionalmente es parte de las reglas de juego validar nuestra capacidad creativa frente a nuestros pares, pero lo injusto es que la causa de ese enfrentamiento sea la desesperación por llegar a tiempo a un lanzamiento. «Pero… ¿no éramos equipo?». Ya no. «Pero… ¿acaso no estábamos proyectando juntos una estrategia de comunicación a largo plazo en donde ustedes y nosotros lograríamos posicionar la marca a partir de criterios racionales, lógicos y programados?». «Lo siento», vuelve a reiterar el cliente; «necesitamos soluciones inmediatas. La que nos saque de esta urgencia se llevará la cuenta».
Pido que, por favor, no se entiendan mis comentarios como fruto del resentimiento frente a alguna experiencia vivida (aunque sí describen situaciones que uno suele vivir a diario) Solo pretendo que los profesionales del marketing, quienes por lo general tienen en sus manos el poder para elegir equipos y procesos, se planteen si realmente este camino metodológico en el que estamos todos inmersos es el más adecuado y si esta supuesta «urgencia inevitable» que pregonan las compañías no terminará por fagocitarnos unos a otros, disminuyendo nuestras profesiones y falseando sus resultados.
A mi juicio estas prácticas nefastas desmerecen una trayectoria común, minimizan el rol estratégico de nuestro trabajo, perjudican la fidelidad de sus proveedores, le restan entusiasmo a los creativos y no logran sostener una estrategia de comunicación sólida en el tiempo.
«Gracias, diseñadores y comunicadores por los años de lucha compartida, pero el tiempo ha sido su juez y verdugo». Así rezarán las lápidas.

Solo tres tiros

Mi ardua práctica dentro de este complejo escenario me ha enseñado un lamentable principio al que he denominado «De los 3 tiros». Podría decir que se trata de un indicador que actúa como «señal de alerta» conforme los errores se vayan sucediendo. Paso a explicarlo: desde el momento en que me pasan un brief de ejecución veloz como el ya descrito, suena la alarma y determino que a partir de ese momento cuento con solo 3 balas (3 presentaciones) para dar en el blanco: el objetivo buscado por mi cliente. El proceso que sigue a continuación se podría resumir así:
  • ¿Primera presentación falla? Analicemos donde está el error y ajustemos la mira.
  • ¿Segunda presentación falla? Preocupé​monos: nuestra arma no tiene la capacidad de tiro ideal.
  • ¿Tercera presentación falla? Existen grandes posibilidades de que la presa se nos haya escapado para siempre.

Las armas las carga el diablo

Esta analogía con la cacería expresa claramente el sentimiento que yace en muchos creativos. En el seno de los estudios de diseño ya no se habla de crear piezas efectivas sino de «acertarle» a los gustos del cliente. Un buen trabajo hoy, es aquel que nos garantiza nuestra supervivencia como estructura y nos aleja cada vez más de nuestras prioridades: la innovación, el crecimiento creativo, la exploración. Riesgo cero, esa parecería ser la tendencia.
¿Hacia dónde queremos ir? ¿Qué estamos valorando? ¿Cuáles son los elementos de que nos valdremos a la hora de generar valor en un producto o servicio? Preguntas cuyas respuestas parecen ser tan lamentables que llevan al deseo de ignorarlas.
Autor
Adrián PieriniBUENOS AIRES
Edición
Cristian Petit De MuratATIZAPÁN DE ZARAGOZA
Diana Vaquero, si lo deseas, puedes ayudar a la difusión de este artículo, traduciéndolo.
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Fuente: http://foroalfa.org/articulos/la-teoria-de-los-3-disparos

martes, 21 de enero de 2014

La comunicación de la pequeña empresa en la decisión de compra

La comunicación de la pequeña empresa en la decisión de compra

Entre los numerosos autores que aportan al tema, tomamos a Philip Kotler y Gary Armstrong y su obra Fundamentos de Marketing.

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De acuerdo a Kotler y Armstrong,1 las etapas del proceso de adopción de un producto por parte de los consumidores son:
  1. Conciencia
  2. Interés
  3. Evaluación
  4. Prueba
  5. Adopción
En el número uno, el consumidor se da cuenta de que existe el producto nuevo, pero carece de información de él. La primera reflexión es en relación a la cantidad de información disponible, así como la facilidad y velocidad a que puede adquirirla.
Se observa como una tendencia que involucra el diseño del producto incluir anclas digitales que permitan hacer más simple el proceso de tomar interés (número dos).  En pocas palabras, ahora se puede ver en los anaqueles de autoservicios productos incluyendo en su empaque códigos bidimensionales, que al ser escaneados por medio de una aplicación del celular, transmiten todos los datos necesarios para la decisión de compra. Hace pocos años esta información hubiese tomado un par de semanas en ser recopilada.
Las valiosas referencias personales entre consumidores pueden ser casi inmediatas; las herramientas de comunicación instantánea de bajo costo hacen pedir recomendaciones a los adoptadores iniciales para tomar una decisión de compra.
La mayoría de adoptadores iniciales tiene ahora más información y recomendaciones a favor o en contra de los nuevos lanzamientos, por lo tanto las etapas del proceso de adopción se aceleran de manera vertiginosa.
¿Están las pequeñas empresas preparadas para este reto? Y más aún ¿están conscientes de estar inmersas en el mismo nivel de crítica que las grandes empresas?
Planteo estas preguntas para que observemos a los consumidores con mas detenimiento. ¿Se juzga con más dureza a un producto de una gran corporación internacional que al de una pequeña empresa? 
Si queremos que el consumidor llegue a la etapa tres del proceso (evaluación) luego de la cascada de información que obtiene de redes sociales y referencias de personas de hasta segundo o tercer grado de confianza, debemos preparar a los pequeños empresarios a contar con una infraestructura de comunicación más sólida, ya que es más controlable.
Adoptar el producto (etapa cuatro) se torna mas complejo, las estrategias de comunicación en el anaquel deben ser más proactivas y deberán estar reforzadas por acciones encaminadas a generar confianza para consultar la información del producto y sobre todo, aunque se genere información negativa, poder responder todas las dudas o quejas que se generen.
Uno de los factores por los cuales la mayoría de adoptadores iniciales de productos nuevos pueden convertirse en clientes de la competencia es por la falta de contacto con la empresa. En muchas ocasiones todo se hubiera resuelto con una respuesta al prospecto, aunque no fuese favorable.
Así pues, el tamaño de la empresa no debe ser una medida de la cantidad de información que pueda proveer, ya que esta decidirá en gran medida la aceleración en las etapas del proceso de adopción del posible consumidor.
Autor
Javier RejonMERIDA
Edición
Cristian Petit De MuratATIZAPÁN DE ZARAGOZA
Diana Vaquero, si lo deseas, puedes ayudar a la difusión de este artículo, traduciéndolo.
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Fuente: http://foroalfa.org/articulos/la-comunicacion-de-la-pequena-empresa-en-la-decision-de-compra

lunes, 4 de noviembre de 2013

La comunicación de la pequeña empresa en la decisión de compra


JAVIER REJON

La comunicación de la pequeña empresa en la decisión de compra

Entre los numerosos autores que aportan al tema, tomamos a Philip Kotler y Gary Armstrong y su obra Fundamentos de Marketing.

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De acuerdo a Kotler y Armstrong,1 las etapas del proceso de adopción de un producto por parte de los consumidores son:
  1. Conciencia
  2. Interés
  3. Evaluación
  4. Prueba
  5. Adopción
En el número uno, el consumidor se da cuenta de que existe el producto nuevo, pero carece de información de él. La primera reflexión es en relación a la cantidad de información disponible, así como la facilidad y velocidad a que puede adquirirla.
Se observa como una tendencia que involucra el diseño del producto incluir anclas digitales que permitan hacer más simple el proceso de tomar interés (número dos).  En pocas palabras, ahora se puede ver en los anaqueles de autoservicios productos incluyendo en su empaque códigos bidimensionales, que al ser escaneados por medio de una aplicación del celular, transmiten todos los datos necesarios para la decisión de compra. Hace pocos años esta información hubiese tomado un par de semanas en ser recopilada.
Las valiosas referencias personales entre consumidores pueden ser casi inmediatas; las herramientas de comunicación instantánea de bajo costo hacen pedir recomendaciones a los adoptadores iniciales para tomar una decisión de compra.
La mayoría de adoptadores iniciales tiene ahora más información y recomendaciones a favor o en contra de los nuevos lanzamientos, por lo tanto las etapas del proceso de adopción se aceleran de manera vertiginosa.
¿Están las pequeñas empresas preparadas para este reto? Y más aún ¿están conscientes de estar inmersas en el mismo nivel de crítica que las grandes empresas?
Planteo estas preguntas para que observemos a los consumidores con mas detenimiento. ¿Se juzga con más dureza a un producto de una gran corporación internacional que al de una pequeña empresa? 
Si queremos que el consumidor llegue a la etapa tres del proceso (evaluación) luego de la cascada de información que obtiene de redes sociales y referencias de personas de hasta segundo o tercer grado de confianza, debemos preparar a los pequeños empresarios a contar con una infraestructura de comunicación más sólida, ya que es más controlable.
Adoptar el producto (etapa cuatro) se torna mas complejo, las estrategias de comunicación en el anaquel deben ser más proactivas y deberán estar reforzadas por acciones encaminadas a generar confianza para consultar la información del producto y sobre todo, aunque se genere información negativa, poder responder todas las dudas o quejas que se generen.
Uno de los factores por los cuales la mayoría de adoptadores iniciales de productos nuevos pueden convertirse en clientes de la competencia es por la falta de contacto con la empresa. En muchas ocasiones todo se hubiera resuelto con una respuesta al prospecto, aunque no fuese favorable.
Así pues, el tamaño de la empresa no debe ser una medida de la cantidad de información que pueda proveer, ya que esta decidirá en gran medida la aceleración en las etapas del proceso de adopción del posible consumidor.
Autor
Javier RejonMERIDA
Edición
Cristian Petit De MuratATIZAPÁN DE ZARAGOZA
Diana Vaquero, si lo deseas, puedes ayudar a la difusión de este artículo, traduciéndolo.
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Fuente: http://foroalfa.org/articulos/la-comunicacion-de-la-pequena-empresa-en-la-decision-de-compra

miércoles, 6 de febrero de 2013

5 tendencias que marcarán la comunicación online del futuro


5 tendencias que marcarán la comunicación online del futuro

February 5, 2013 Estrategias Leído 1,525 veces Escribe tu comentario
79167602
Como se sabe el mundo 2.0 es un espacio que cambia y evoluciona constantemente, con lo que la manera en la que los usuarios interactúan entre sí se modifica adaptándose a las nuevas tendencias que ellos mismos imponen.
Para que las marcas logren triunfar en este aspecto, será necesario que entiendan estos cambios con la intención de diseñar estrategias que se adapten a las mismas para mejorar sus oportunidades de éxito y eficiencia.
En este sentido, la IAB Spain ha determinado cuáles son las tendencias que no se deben de perder de vista para estar a tono en la comunicación online que nos espera en los próximos meses.
1.-Experience desing
Cada vez se dará más peso a la experiencia del usuario con la marca al momento de establecer canales de comunicación entre ambos jugadores.
Así las marcas deberán de preocuparse por satisfacer la demanda y generar valor añadido, adaptando los mensajes mediante los cuales esperan incentivar a la participación tanto a las necesidades de su público objetivo como a la usabilidad de cada plataforma en la que se decida trabajar.
2.-Branded content
La comunicación se convertirá en la nueva publicidad. Así los anuncios promocionales se convertirán en contenido que intentará buscar una mejor integración con el usuario apostando por mejorar la presencia de la marca, la generación de contenido y el alcance.
3.-Target más segmentado
Gracias a las nuevas herramientas y funciones que los medios sociales, dispositivos móviles y demás soportes ofrecen, segmentar al público objetivo haciendo una selección más precisa será una de las ventajas que las marca deberán de aprovechar para crear y dirigir mensajes únicos y personalizados que se conviertan en piezas únicas, relevantes y, por tanto, más efectivas.
4.-Marketing de nicho
Los usuarios son los primeros expertos a los que habrá de demostrar el lado más social de la marca, ya que estos conocen el medio y buscan información relevante siendo el eje de muchos portales y soportes.
Así las marcas deberán de aprender a aceptar las críticas a sus estrategias de comunicación y aprender de las mismas.
5.-Privacidad y permission marketing
A pesar de que los usuarios demandan contenidos y una comunicación personalizada, también exige que las marcas respeten su privacidad al momento de tratar de conecerlos.
Así los consumidores demandarán más cuidado y atención sobre su privacidad mientras que las marcas deberán de convertir esta responsabilidad en un compromiso y aspecto clave para sus servicios.
Por: Fernanda González

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Fuente: http://www.vuelodigital.com/2013/02/05/5-tendencias-que-marcaran-la-comunicacion-online-del-futuro/